El buen diseño industrial es un 99% invisible. Me gusta esta máxima como 𝑵𝒐𝒓𝒕𝒉 𝑺𝒕𝒂𝒓 para el UX en los equipos de growth.
La batalla por la descarga es solo el comienzo; la verdadera lucha reside en integrar nuestro servicio en la vida del cliente de manera que éste le aporte valor casi sin que sea consciente de nuestra existencia.
Y tenemos la materia prima para hacerlo. La cantidad de first-party data que recogemos no para de crecer. Pero guardar data no es lo mismo que usar data.
Como comentaba con Felipe Ramirez Lakhovsky, ya es hora de sacarle valor a ese nuevo petróleo del que todo el mundo habla, pero que pocos realmente monetizan.
El desafío no es recopilar datos, sino transformarlos en experiencias personalizadas que incrementen el LTV de nuestros clientes.
Spotify es un gran ejemplo del que aprender, pues han sido capaces de crear un ecosistema donde cada canción reproducida, cada lista de reproducción creada y cada interacción con la plataforma alimenta un complejo sistema de aprendizaje automático. Este sistema, a su vez, refina y personaliza la experiencia del usuario, ofreciendo descubrimientos musicales y recomendaciones hechas a medida.
Además, la plataforma ha dominado el arte de integrarse en nuestras vidas al ofrecer una experiencia que requiere poca interacción activa para obtener valor. Como bien apunta mi amigo James Laurain, «la mitad de las veces me basta con conectar el altavoz o ponerme los auriculares y darle al play, y ya estoy escuchando música que me gusta sin tener que sacar el móvil del bolsillo, deslizar y tocar para encontrar la app…»
Esta estrategia, donde el valor se entrega de manera pasiva pero significativa, es el santo grial en la monetización de datos. El verdadero poder radica en entender y anticipar las necesidades del usuario, creando una experiencia tan integrada y personalizada que el usuario no solo desea volver, sino que se siente comprendido y valorado.
La descarga es el inicio. El éxito reside en integrar tu servicio en la vida del usuario.
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